martes, 20 de mayo de 2008


Mensaje al Papa Benedicto XVI:
NO AL DIALOGO – SOLO DA’WA
Un Juicio del Shaykh Dr. Abdalqadir As-Sufi


Allah, el Todopoderoso, glorificado sea, dice en la Surat al-Imran:



“Realmente el Din ante Allah es el Islam.
Los que recibieron el Libro no discreparon
sino después de haberles llegado el conocimiento,
por envidias entre ellos.
Y quien niega los signos de Allah...
Cierto es que Allah es Rápido en la cuenta” (3: 19)
Ibn ‘Atiyyah comenta en su Tafsir:

“En esta aleya, Din se refiere a Ta’ah –es decir, obediencia y millat. Islam en esta aleya significa Iman y Ta’ah –obediencia, según Abu ‘Aliyya y la mayoría de los mutalallimin. El significado de Islam y A’mal, puede encontrarse en el hadiz de _ibril, sobre él la paz, donde éste se lo preguntó al Profeta, a quien Allah bendiga y conceda paz, cuando vino a enseñar el Din. La explicación del Profeta, a quien Allah bendiga y conceda paz, de lo que es Islam, está basada en cinco cosas”.

Nuestro comentarista nos dice que Allah ha designado el Islam como la única religión aceptable para Él. Una vez establecido este hecho, nos dice luego qué opina de las demás religiones. Ibn ‘Atiyyah sigue diciendo:

“A continuación, Allah nos informa de las diferencias que existen entre aquéllos a quienes se les ha dado el Libro. Recibieron conocimiento, pero querían la dunya. Esto es lo que dicen Ibn ‘Umar y algunos más. “Los que recibieron el Libro” significa los judíos y los cristianos.

En la aleya siguiente, Allah ordena:


“Diles a los que recibieron el Libro y a los ignorantes:
¿No os haréis musulmanes?
Si se hiciesen musulmanes habrían sido guiados, pero si se apartan...
La verdad es que a ti sólo te incumbe la transmisión.
Allah ve a Sus siervos” (3: 20)
De Ibn ‘Atiyyah:

Todos están de acuerdo en que “los que recibieron el Libro” significa los judíos y los cristianos.

“Los ignorantes” son los que no escriben, e.d., los árabes de aquélla época. Puede estar referido también a Umm o Umma, madre o Ummah. El nacimiento de una persona a partir de su madre, o la condición de una ummah primitiva, inocente, anterior al aprendizaje o la llegada de la inteligencia.

“¿No os haréis musulmanes?”. At-Tabari dijo que habían sido guiados al Din. Az-Zuja_ dijo que con esto se trata de intimidarlos.

“...habían sido guiados”: esta expresión en el tiempo pasado, da noticias de su guía y de su realización.

A fin de conseguir una comprensión profunda de esta aleya tan importante, debemos dar dos nuevos pasos. En primer lugar, aplicaremos el principio de “El Corán a partir del Corán”. Esto a su vez nos conducirá a un juicio indiscutible que sigue el principio del Nasij y Mansuj.

“...a ti sólo te incumbe la transmisión”: Acerca de esto, el faqih Qadi Abu Bakr ibn al-‘Arabi, declara:

“Sobre esta aleya no hay discusión alguna porque está ABROGADA por el combate. Esto se aclara en la Sura ar-Rad. En esta Sura se dice:


“...a ti sólo te incumbe transmitir
y a Nosotros pedir cuentas” (13: 41)
Qadi Abu Bakr explica: “Esta negación de la acción fue ABROGADA por la Aleya de la Espada. Esto indica una primera transmisión, y luego viene el empuñar la espada.”

Allah el Excelso clarifica aún más esta cuestión para que no quepa la ilusión de poder entablar un discurso intelectual con los kafirun, es decir, para que no haya diálogo con ellos. Está terminantemente prohibido.

Surat al-Imran:


“Que los muminun no tomen por amigos a los kafirun
en vez de a los muminun.
Quien lo haga... no tendrá nada que ver con Allah.
A menos que sea para guardaros de ellos.
Allah os advierte que tengáis cuidado con Él.
Y a Allah habéis de volver”. (3: 28)
Ibn ‘Atiyyah comenta:

“La prohibición habla de tener amabilidad con los kafirun, inclinarse y ser influenciados por ellos. Esta aleya sirve para todas los épocas y se aplica a todos”.

“A menos que sea para guardaros de ellos”: La mayoría de los mufassirin dicen que la aleya se refiere a la taqiyah. La taqiyah depende del Fiqh: (Fiqh al-Hal): temor a ser encarcelado, intimidación, ser vencido y conquistado. Al-Hassan dijo que si a un hombre se le ordenaba postrarse ante un ídolo bajo amenaza de muerte, si el ídolo estaba en la dirección de la qibla, podía postrarse, siempre que pusiera la intención solamente hacia Allah. Pero si el ídolo no estaba en la dirección de la qibla, no podía postrarse, incluso si lo mataban. Ibn Habib de al-Hassan.

Si nos basamos en la referencia de Ibn ‘Atiyyah con respecto a al-Hassan, podemos llegar a un Hukm claro. En la celebración de la llamada Comunión, el Arzobispo Lanfranc de Inglaterra introdujo en el siglo XI el ritual que luego se llamaría la Elevación de la Hostia, es decir, el ritual que consiste en elevar e inclinarse ante la oblea santificada. Esto representa sin duda alguna la postración ante un ídolo. En consecuencia, está terminantemente prohibido que un musulmán esté presente en la celebración de la Misa católica, ya que ello implica una sumisión ante el alzamiento del ídolo. Peor aún si se hace abiertamente sin pertenecer a la categoría de taqiyah que dice: “A menos que sea para guardaros de ellos”.

“Allah os advierte que tengáis cuidado con Él. Y a Allah habéis de volver”. Ibn ‘Atiyyah dice que es una amenaza, una clarificación, un recordatorio y un recuerdo de la Otra Vida. Ibn Abbas y al-Hassan dicen que Allah nos habla directamente a nosotros.

Esta importante distinción se encuentra repetida en la Surat al-Ma’ida:


“¡Vosotros que creéis!
No toméis por aliados a los judíos ni a los cristianos;
unos son aliados de otros.
Es cierto que Allah no guía a los injustos”. (5: 53)
Ibn ‘Atiyyah comenta:

“Allah ha prohibido a los muminun que tomen como amigos a los judíos y a los cristianos, esto es, ayudarlos y mezclarse con ellos. Este Hukm sigue siendo válido. Esta distinción (ayudarlos y mezclarse con ellos) está reforzada con las palabras de Allah: ‘unos son aliados de otros’. Abdullah ibn Abi Salwala y Ubadah ibn Samit eran aliados de un tribu judía. Cuando Ubadah vio cómo los judíos trataban al Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz, fue a él y dijo: ‘Me libero de la alianza con los judíos y sus aliados, y me alío con Allah y Su Mensajero’. Abdallah ibn Abi dijo también: ‘Me libero de la alianza con los judíos. Temo verme derrotado por mi destino’.

‘Aquél de vosotros que los tome como amigos es uno de ellos’: El que se alía con ellos en su din y en el kufr está destinado al Fuego’”.

En la Surat al-Ma’ida encontramos lo siguiente:


“Realmente vuestro amigo y aliado es Allah y Su Mensajero,
y los que tienen Iman, esos que establecen el salat,
entregan el zakat y se inclinan”. (5: 57)
“Realmente vuestro amigo y aliado es Allah y Su Mensajero” –nuestro comentarista dice que estas palabras están dirigidas a una gente a la que se ha ordenado no tomar como amigos a judíos y cristianos.

Ibn Mas’ud dijo: “Vuestro amigo es Allah. ‘Los que tienen Iman’ –esos son pocos. No tienen nifaq, establecen el fard del salat con todas sus condiciones, pagan el fard del zakat y hacen las acciones correctas’”.

Lo que Ibn ‘Atiyyah enfatiza en su comentario, es la supremacía social, moral, y espiritual de los muminun sobre la condición desastrosa de los kafirun. Son una gente con la que no podemos establecer un diálogo por la separación que Allah ha hecho entre ellos y nosotros, y también por el terrible sufrimiento que inflige a la humanidad su desafío a Allah, glorificado sea.

En la Surat al-Ma’ida:


“Si la gente del Libro tuviera Iman y taqwa,
haríamos desaparecer sus malas acciones
y les haríamos entrar en los Jardines de la Delicia.

Y si siguieran y pusieran en práctica la Torá y el Inyil
y lo que ha descendido para ellos de su Señor,
comerían tanto de lo que está encima de ellos
como de lo que tienen bajo sus pies.
Los hay que forman una comunidad equilibrada,
pero muchos de ellos, ¡qué malo es lo que hacen!”. (5: 67-68)
Ibn ‘Atiyyah dice que esto se refiere a los contemporáneos del Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz. Si hubieran creído en Allah y en Su Libro, Él les habría perdonado y dejado entrar en el Jardín. La referencia a la Torá y al Inyil confirma que ambos están incluidos, judíos y cristianos.

An-Naqqash dijo: “Participarían por arriba de la comida del Jardín y por debajo de la abundancia de la tierra”.

At-Tabari dijo: “Entre los Bani Isra’il había un grupo que era moderado con respecto a ‘Isa, a quien Allah bendiga. Dijeron que era un esclavo de Allah, un Mensajero y Su espíritu. Sin embargo, la mayoría era calumniadores y algunos dijeron que era un dios. Roma surgió de esta pretensión, y aquéllos que siguieron su Millat. Ambos grupos son kafir”.

Al-Mu_ahid dijo: “Se refiere a la Gente del Libro del pasado y del presente”.

Más adelante Allah el Excelso declara en la Surat al-Ma’ida:


“Realmente son kafirun los que dicen: Allah es el Ungido, hijo de Maryam.
Cuando fue el Ungido quien dijo a los hijos de Israel:
¡Adorad a Allah! Mi Señor y el vuestro.
Quien asocie algo con Allah,
Allah le vedará el Jardín y su refugio será el Fuego.
No hay quien auxilie a los injustos.

Y han caído en la incredulidad los que dicen:
Allah es el tercero de tres,
cuando no hay sino un Único Dios.
Si no dejan de decir lo que dicen,
ésos que han caído en la incredulidad
tendrán un castigo doloroso”. (5: 74-75)
Estas aleyas tremendas colocan una barrera impenetrable entre los musulmanes y los kafirun. Es importante constatar que la barrera es espiritual, moral y racional. Allah, el Creador del universo, nos informa en estas aleyas que el origen de la doctrina condenada que atribuye la divinidad a Sayyiduna ‘Isa, la paz sea con él, es una desviación que procede de la religión de los judíos. La falsa religión cristiana es algo que tiene su comienzo en la práctica espiritual, o mejor dicho en la negligencia del pueblo judío. Justo en el nacimiento del cristianismo puede verse con claridad el astuto engaño que se había proyectado sobre el mundo pagano. Un rito judío que se celebraba para unir a la gente en la adoración de Dios, fue transferido desde su estado racial, para convertirlo en universal, gracias a la mágica entronización de los Apóstoles, o discípulos más cercanos, del Mensajero ‘Isa, a quien Allah bendiga.

Este rito unificador del pueblo judío era la celebración de la Pascua Judía, una representación conmemorativa de la manera en que habían sido salvados de la masacre ordenada por Faraón. Siguiendo el mandato del ángel que les conminaba a permanecer en las casas hasta el final de la matanza, tenían que comer pan ácimo. San Pablo, también judío, tomó este rito y lo conectó con el suceso evangélico de la “Última cena”. Pablo se aprovechó de la descripción evangélica del acontecimiento para construir su religión inventada. Según él, Jesús cogió el pan y dijo: “Esto es mi cuerpo”. Esta frase se convirtió en la famosa “¡Hic est corpus!”. La Galleta de la Pascua judía se transformó en la Galleta Sagrada de la Comunión cristiana. El pan ácimo que conmemoraba la salvación de una gente, se transformó de forma mágica, en un acto ritual que salvaba al individuo, y a todos los que creían en esa religión, del castigo de Dios. Debe notarse sin embargo, que para que esta salvación mágica tenga lugar, tiene que creerse de antemano que el pan y el vino se habían transmutado en la carne y la sangre de Sayyiduna ‘Isa, la paz sea con él. Ya que para los musulmanes, y para toda persona pensante, es una propuesta difícil de creer, es preciso comprender que lo que San Pablo estaba vendiendo a la gente es lo que en el lenguaje moderno se llama una “oferta todo incluido”. La necesidad más importante de la creencia, es que la narración ritualizada de la Última Cena se convierte en una representación de la misma donde el pan y el vino se convierten en la carne y la sangre del Profeta. Como esta transformación tiene que ser validada, esto significa que el cristiano debe creer también en la existencia de una transmisión, una transmisión iniciática que pasó a los Apóstoles; de esta manera, durante la representación de la Cena y gracias a su mediación, los elementos físicos del pan y el vino se transforman en los elementos físicos de la carne y la sangre de aquél que, al servir estos alimentos, se convierte en su Salvador.

Es preciso reconocer el ingenio y lo escandaloso de esta proposición fundamental: Si no hay Sucesión Apostólica, la transubstanciación no puede ocurrir. La nueva religión está fundada en “fuera de la Iglesia no hay salvación”. No obstante, el núcleo de la cuestión sigue siendo que la forma de salvar a sus miembros está basada en la creencia de un pan y un vino que se convierten en la carne y la sangre de su “Salvador”. Esto es pura y simple antropofagia. No es una celebración dualista donde se combinan elementos físicos del mundo material con una presencia espiritual en el mundo invisible. Aquéllos que en la Edad Media defendían tal cosa, eran alegremente quemados con el permiso pontificio, y cuando las generaciones posteriores de la Reforma trataron de proclamar que no existía cambio alguno en los elementos físicos y que no era más que un ritual conmemorativo, muchos de estos desgraciados acabaron en la hoguera de la Contra-Reforma con el mismo entusiasmo que antes. La Iglesia Católica está ineludiblemente vinculada a la doctrina de la transubstanciación; ha rechazado la doctrina reformista de la consubstanciación y la última doctrina protestante de la nonsubstanciación.

Hay una anécdota que ilustra de forma magistral el absoluto convencimiento de los católicos de cómo esta oblea, la Hostia, se transformaba, una vez bendecida, en el cuerpo en sí. Durante el reinado de Luis XIV en Francia, su hijo el Delfín, heredero del Rey, viajaba por el campo en un carruaje escoltado por sus soldados. En el camino se encontraron con un cura de pueblo que viajaba a pie llevando por delante el Santo Sacramento. Para el hijo del Rey era inconcebible seguir viajando e ignorar lo que para él era, no sólo representaba sino que era, la carne y la sangre de Jesús. Descendió del carruaje, se arrodilló ante el cura y pidió la comunión. El cura explicó que venía de la casa de un hombre que estaba muriendo del cólera, pero el Delfín no podía rechazar la Comunión. La tomó con resignación y subió de nuevo a la carroza diciendo: “¡Estoy muerto, pero salvado!” Días más tarde, el Delfín moría.

Esta magia sacrificadora es lo que ofrecía el último Papa cuando viajaba por todo el mundo, revendiendo esta transacción a naciones cuyos millones estaban hambrientos y muriendo por culpa de ese sistema de capitalismo en el que la riqueza del Vaticano, firmemente consolidada en inversiones seguras, estaba por fin a salvo. Este engaño era fácil de vender a esos millones de personas ignorantes e incultas. En Europa, si embargo, el hogar no sólo del Vaticano sino también de la Reforma, todo era diferente. A partir de la Revolución Francesa, una nueva religión estaba enraizada en Europa. Firmemente entretejida con el cultivo del cientificismo y las emergentes doctrinas del republicanismo, Europa había abrazado casi por completo la religión del Ateísmo. El ateísmo avanzaba promulgando dos doctrinas. Una: el poder del Estado es secular, es decir, no permite que sus dictámenes estén condicionados por los juicios de valor de la religión. Dos: Al pretender el Estado garantizar la libertad de las masas, declara que todas las religiones son lo mismo, y que ninguna es verdadera. Esta nueva religión tiene una tercera doctrina, absoluta pero no reconocida fácilmente. Consiste en garantizar a sus gentes una libertad sexual adulta sin traba alguna, sin castigos ni inhibiciones, mientras que al mismo tiempo, y a cambio, como si dijéramos, de esta libertad, prohibe a los creyentes utilizar una moneda elegida libremente obligándoles a someterse a las monedas estatales decretadas por sus Bancos. En vez de depender de una oblea santificada para obtener la salvación en el Otro Mundo, la salvación se ofrece ahora en Este Mundo con un trozo de papel también santificado –la Hostia es ahora el dólar, el euro, etc. Y en vez de la iglesia católica universal tenemos el Sistema Bancario Universal.

En 1958, Paul Morand, uno de los mejores escritores franceses de ese siglo, escribió una historia titulada “El Prisionero de Cintra”. En ella se describe a un joven que, sentado en su casa, juguetea con una radio de larga distancia en la que se reciben señales de China, India y América. La historia dice:

“...El joven manejaba los mandos de plástico negro que abrían las ventanas al oscuro universo del sonido.

‘¿Qué son esos ruidos chirriantes? preguntó la anciana asombrada.

‘Son las fronteras que chirrían; madre, nuestro viejo mundo se deshace’”.

Este es, sin duda alguna, el mensaje para el Papa Benedicto XVI.

La misión más acuciante a la que se enfrenta el Papa Benedicto XVI, tiene una doble vertiente. En primer lugar, tiene que fijarse con todo detalle en la ambigua historia del Papado y de la Iglesia Romana. En segundo lugar, tiene que comprender la realidad del Orden Mundial Ateo presente en la actualidad. Este doble entendimiento, es lo que no pudo conseguir el campesino polaco que le precedió. Su incapacidad para resolver la contradicción entre estas dos realidades históricas fue exacerbada con su poco acertada solución: el entronamiento de la Doctrina de la Marialogía. Un análisis histórico de la Iglesia Romana, demuestra que su supervivencia a lo largo de los siglos se ha debido al poder ejercido por la Iglesia sobre los Príncipes y el pueblo. La desobediencia se castigaba con la ejecución, la tortura y la hoguera, y también con la guerra. Su historial es definitivamente genocida. Las cruzadas y la Inquisición fueron los necesarios instrumentos de control e intimidación empleados por la Iglesia. Estos eran los únicos medios con los que obligar a hombres y mujeres inteligentes, a creer que Dios era tres, y que de alguna manera, tres era igual a uno; sin mencionar tan siquiera el hecho de que algunos hombres, los obispos, podían iniciar a otros en la capacidad de transformar pan y vino en bocados de la carne y sangre de Jesús con más de mil años de antigüedad. La Doctrina de la Comunión pedía a la mente pensante que aceptase la siguiente realidad: durante cientos de años, millones de personas seguían agasajándose con un pobre cuerpo humano.

Es importante mencionarlo, porque a pesar de que la Iglesia Romana mantiene un incómodo silencio sobre el tema, fue esta doctrina que permitía la creencia en un sacerdocio iniciado, esto es, la Iglesia en sí, lo que produjo la Reforma. Sería injusto acusarme de atacar a la Iglesia Romana, pero estamos obligados a defendernos de ella. Definir a la iglesia cristiana como una máquina de terror que ha funcionado durante siglos, es una mera exposición de los hechos. Hablo sobre este asunto con conocimiento de causa, ya que uno de mis antepasados, Laird (terrateniente) de Cantray, actuando como presidente adjunto del tribunal del Condado de Forres, condenó a Issobell Goudie, esposa de John Gilbert, a morir en la hoguera por brujería y herejía el día 13 de Abril de 1662. Tal y como dijo Alexandre Dumas: “En este juego, matas o eres matado”. La amarga verdad, es que las falsas doctrinas y las mentiras de la Iglesia Romana, y las de sus Reformados pero no salvados herederos protestantes, convirtieron a Europa durante siglos, en un campo de exterminio.

El holocausto continental de la Guerra de los Treinta Años fue el terremoto que vio sucumbir al cristianismo, tanto en su versión Romana como Reformada, bajo el poder de la nuevas fuerzas de una economía monetaria.

Para comprender totalmente la situación contemporánea, es muy importante conocer la naturaleza y repercusiones de la Reforma Protestante. En primer lugar, debemos reconocer cuál es el principio de la Reforma. Si algo se reforma, se deduce que la forma original queda eliminada. El resultado del trabajo de Lutero y de Calvino no fue una Iglesia Católica revitalizada. Lo que representaba era el fin de la Iglesia Católica. Como ya hemos establecido que la Iglesia Romana está basada en un sacerdocio iniciatorio que emana de la autoridad Papal y permite el rito de la transubstanciación, la abolición de la autoridad Papal y la transubstanciación es el fin de la Iglesia Romana.

Hoy en día, el Sistema Bancario Mundial Ateista, exige con estridencia una reforma del Islam. Bajo el Imperialismo del último siglo, se consiguió una “reforma” importante: La abolición del zakat como impuesto obligatorio, exigido por un Emir y cobrado a los muminun por los recaudadores del zakat nombrados por éste. Cuando el imperialismo ateista redujo el zakat al mero papel de acto de caridad voluntario, logró destruir Dar al-Islam, pero lo que no pudo destruir fue a los pueblos musulmanes. El Rasul, a quien Allah bendiga y conceda paz, dijo en un conocido hadiz: “Mi gente no puede equivocarse por completo”. Esta es la razón de que la revitalización actual del Islam esté impulsada por, y dependiente de, el retorno a la moneda de oro y plata para que el zakat pueda pagarse según exige la shari’at. La restauración de este pilar del Islam, provocará, gracias a su poder espiritual y al Decreto de Allah, la destrucción del sistema bancario mundial. Y no nos estamos refiriendo a la intervención Divina, puesto que eso no es una doctrina islámica, sino que lo encuadramos bajo el principio de la rububiyyat: en palabras de Muhyiddin ibn al-‘Arabi: “Allah gobierna el universo desde dentro del propio universo”.

Una vez negada por los protestantes la autoridad Papal y el sacerdocio investido de mágicos poderes, todavía se necesitaba un clero para formar la infraestructura de una Iglesia. Promulgaron una nueva doctrina –“el sacerdocio de todos los creyentes”. Pero esto no fue lo que ocurrió. Mientras que antes los sacerdotes se reclutaban en los monasterios, después de Lutero se reclutaron en las universidades. De forma simultánea, con la reforma de la transubstanciación en la nonsubstanciación, el fundamento intelectual de la adoración pasó de ser un misterio transcendental a ser una función de la razón. Lo que se deduce, es que el Protestantismo fue una mera Area de Descanso en el camino hacia el Ateísmo.

La nueva religión de Calvino se basaba en dos nuevas doctrinas: En primer lugar, la Doctrina de la Autoridad. La autoridad equivalía a la representación. De esta manera, el Protestantismo propugnaba no sólo la abolición de la autoridad Papal, sino, lo que es todavía peor, la abolición de la autoridad monárquica. Las iglesias calvinistas eligieron a sus propios jefes, quienes a su vez decidían doctrinas y disciplinas. Sin embargo, una vez elegidos, gobernaron a sus electores. Así nació el mito de la democracia moderna. Su engaño era la pretensión de que el representante es idéntico al representado.

En segundo lugar, la Doctrina de la Riqueza. En la nueva religión de Calvino, la valía de un hombre está conectada al poder de acumular riqueza; Calvino abolía así la recomendación de la Iglesia que consideraba la pobreza un poder espiritual. En vez de salvar el alma, ahora se salvaba (ahorraba) el dinero. Su padre había sido acusado de malversar los fondos de la iglesia, y esto subyace, al menos psicológicamente, en su visión de la economía como factor de salvación en la vida personal. Del calvinismo surgieron los Hugonotes, y de éstos, el Jansenismo de los siglos XVII y XVIII. Todos estos movimientos estaban impelidos por la doctrina de la predestinación. Calvino permitió la usura. Del mismo modo que la creencia en la comunión va contra la razón, la creencia en la usura va contra la libertad: el destino del endeudado es no poder pagar la deuda completa, razón de que esté predeterminado a la esclavitud. En la sociedad atea moderna, con la usura como norma del banquismo, se necesita el psicoanálisis para que el endeudado se resigne a aceptar su condición.

Tras el Jansenismo, la Iglesia Católica se vio obligada, mediante doctrinas, a llegar a un acuerdo con el nuevo capitalismo mercantilista.

El 18 de Agosto de 1830, el Papa Pío VII fue obligado a permitir el interés y, por extensión, el conjunto total de sistemas usureros. Este fue el momento crucial. Tras esto, vinieron una serie de decretos que ampliaron la permisibilidad de la usura o, para decirlo de otra manera, sometían las doctrinas de la Iglesia Católica a las nuevas doctrinas del Orden Bancario Mundial. Decretos posteriores fueron promulgados el 31 de Agosto de 1831, el 17 de Enero de 1838, el 26 de Enero de 1840, el 28 de Febrero de 1871 y el de la Sagrada Penitencia del 11 de Febrero de 1852. En el Código de la Ley Canónica de 1917, se incluía la autorización para que las órdenes religiosas tuvieran sus bienes en cuentas que producían intereses. Más aún, el nuevo Catecismo ni siquiera menciona la palabra usura.

A mediados del siglo XX, los efectos devastadores de las nuevas doctrinas que permitían la usura, comenzaron a producir una crisis en el seno de la Iglesia Católica; la legalización de la usura significaba el reconocimiento de facto de los nuevos “Príncipes del Mundo” del Sistema Bancario. A lo largo de los siglos, la Europa del Sacro Imperio Romano, en cuanto cristiandad regida por el Papa, se había desintegrado lentamente. Al final, fue Mussolini quien salvó al Papado de su completa desaparición cuando, en los Acuerdos Lateranos, confirió al minúsculo territorio del Vaticano y al recinto de Castel Gandolfo, el estatus de entidad autónoma.

La rama intelectual de la iglesia había estado siempre encabezada por la Orden Jesuítica. Como si quisieran contrarrestar el extremismo Protestante y su abyecta sumisión al capitalismo, los jesuitas se encontraron representando el papel de opositores militantes. La aparición de lo que más tarde se llamó Teología de la Liberación, pronto se interpretó como una especie de comunismo santificado. Los Sacerdotes Obreros, que surgieron en Sudamérica no sólo como defensores de los pobres sino también como heroicos enemigos de la clase terrateniente, produjo un nuevo despertar de la fe en las masas esclavizadas y una reacción feroz contra la Orden Ateista Mundial del Banquismo.

En esa época apareció otro movimiento en el seno del catolicismo: el Opus Dei. Si la teología de la liberación ofrecía al mundo una Iglesia Sagrada Católica y comunista, el nuevo movimiento trataba de incorporar el Protestantismo de la misma manera que los jesuitas trataron de incorporar el comunismo. Era tal su audacia, que nadie en la Iglesia, con la excepción de unos pocos intelectuales de los niveles más elevados de la Orden Jesuítica, parecieron darse cuenta de que era una institución protestante. Era una Orden permitida por el Papa, pero muy pocos miembros de la Hermandad del Opus Dei eran ordenados sacerdotes; es más, no estaban sujetos al voto antinatural del celibato. Así pues, en un extremo estaba un Comunismo Sagrado que intentaba despertar a las masas oprimidas del Tercer Mundo, mientras que en el otro, el Capitalismo Sagrado, como si fuera una nueva masonería, se infiltraba en la élite de poder del Sistema Bancario Mundial.

A fines del siglo XX, el ruido que producía el resquebrajamiento del orden antiguo era ensordecedor. El colapso del comunismo demostró que la mono-cultura del ateísmo tomaba el poder absoluto. Y sin embargo, el fin del comunismo era una realidad más teatral que histórica. Con un sistema de poder ateo controlando la riqueza mundial, las masas se encontraron perdidas y abandonadas. Las masas cristianas, carentes de un Papado con poder político y económico, rebuscaban entre la basura y los detritus de las doctrinas protestantes, tratando de hallar algunos restos de la religión cristiana. Poco a poco, en la segunda mitad del siglo, apareció la tercera y definitiva versión corrompida de la herejía cristiana. Se llamaba cristianismo evangélico, pero tenía poco que ver con el sencillo evangelismo del siglo XIX. Era una especie de solución para los cristianos. En lugar del Sagrado Sacrificio, se introdujo el Sagrado Bautismo. Irónicamente, el cristianismo había abandonado Roma para volver al Río Jordán. A pesar de existir varias versiones paganas del bautismo, este nuevo culto del mismo remontaba sus orígenes a las fuentes judías, a Ezequiel y la aspersión de agua con fines purificadores. Los Esenios se bañaban de forma ritualizada. Si la Comunión garantizaba una nueva vida en el Otro Mundo, el Bautismo garantizaba una nueva vida en este mundo material –nacías otra vez. Mientras que la postura católica estaba basada en la autonomía de la Iglesia como organismo de adoración, la postura de la Iglesia Evangélica moderna está basada en la autonomía del creyente individual purificado de sus pecados. Los intelectuales cristianos han definido esta tercera religión como “relativismo, subjetivismo y caos teológico”. Con estos evangélicos bautismales, el cristianismo se replegaba a su origen judío, a los gritos extáticos de “¡Halleluyah!”.

Y así fue cómo a comienzos del siglo XXI, la Iglesia Católica Romana, se encontró guiada por la filosofía del Opus Dei, en cuanto defensores del sistema capitalista mundial; y al mismo tiempo, las masas, desvinculadas de todo poder político o económico, se volvían hacia los éxtasis delirantes del movimiento evangélico. Cuando le preguntaron por los evangélicos, un obispo brasileño declaró: “¡No es más que una forma de escapar!” El entrevistador dijo entonces: “Si usted fuese un brasileño pobre, ¡también querría escapar!” La solución a este doble dilema en la política del último Papa, significaba un paso más hacia la superstición y, por desgracia para la Iglesia, con éste surgió la acusación de dualismo. El último recurso de la Iglesia Católica era promulgar la Doctrina de la Marialogía. En los oscuros laberintos del pensamiento Papal, la Marialogía acechaba desde hace más de cien años. Esta pretensión ya se había establecido doctrinalmente, pero no era suficiente. El rastro de esta espantosa doctrina podía remontarse hasta San Agustín, pero el horroroso término definitorio apareció en el Segundo Concilio Vaticano, donde se declaraba que María no sólo era –y pido perdón a Allah por repetir una frase tan blasfema y alocada—Madre de Dios, ¡sino también co-redentora! El Concilio lo definía de la siguiente manera: “Ella cooperó en el trabajo del Salvador... para restaurar la vida sobrenatural a las almas”. En palabras del Papa recientemente fallecido, y abriendo la puerta a la misma herejía maniquea contra la que la Iglesia había desatado tantos genocidios, ¡Cristo había sacrificado su carne y María su alma! La nueva doctrina presentaba ahora un concepto definitivo y asombroso –“María, la nueva Eva”.

Allah, el Majestuoso y Excelso dice en la Surat al-Ma’ida:


“El Ungido, hijo de Maryam, no es más que un mensajero
antes del cual ya hubo otros mensajeros.
Su madre era una mujer veraz y ambos comían alimentos.
Mira cómo les hacemos claros los signos
y mira cómo luego ellos inventan.

Di: ¿Adoraréis aparte de Allah
lo que no puede traeros ni perjuicio ni beneficio?
Allah es Quien oye y Quien sabe.

Di: ¡Gente del Libro!
No deforméis la verdad de las cosas en vuestra práctica de adoración;
y no sigáis los deseos de unos que se extraviaron antes
e hicieron que muchos se extraviaran y se alejaron del camino llano.” (5: 77-79)
En la Surat al-Ma’ida es donde encontramos una serie de aleyas cuyo poder y claridad las hace irrefutables. No deja de ser irónico descubrir que la Casa Inglesa de Hanover, que arrebató el trono de Inglaterra a los monarcas legítimos Stuart y Católicos, y lo mantuvo bajo la promesa de nunca ser Católicos Romanos, estuviese presente en el Vaticano en los funerales del Papa. Y sin embargo, la presencia del Arzobispo de Canterbury en el Vaticano, muestra el supremo desdén que sienten por la historia del Papado y por la Constitución Inglesa.

En la Surat al-Mai’da:



“Y cuando Allah dijo: ¡Isa, hijo de Maryam!
¿Has dicho tú a los hombres: Tomadme a mi y a mi madre
como dioses aparte de Allah?
Dijo: ¡Gloria a Ti!
No me pertenece decir aquello a lo que no tengo derecho.
Si lo hubiera dicho, Tú ya lo sabrías.
Tú sabes lo que hay en mi, pero yo no sé lo que hay en Ti.
Es cierto que Tú eres el Conocedor de lo más recóndito.” (5: 118)
Sobre esto dice ibn ‘Atiyyah:

“Los mufassirun difieren con respecto al momento de esta declaración. As-Suddi y otros más han dicho: ‘Cuando Allah elevó a ‘Isa hacia Él, los cristianos dijeron eso; entonces ‘Isa dijo: ¡Gloria a Ti!’ Otros dicen que todavía va a ocurrir, como Ibn ‘Abbas Qatada y la mayoría de la gente que ha dicho: ‘Esta será la declaración de Allah en el Último Día. Cuando Allah lo diga, los kuffar verán su error y sabrán que son gente equivocada –batil.

Surat al-Ma’ida:


“Y a algunos de los que dicen:
Somos cristianos, les exigimos la alianza;
sin embargo, olvidaron parte de lo que se les recordaba en ella
y sembramos la enemistad y el odio entre ellos
hasta el Día del Levantamiento.
Ya les hará saber Allah lo que hicieron”. (5: 15)
Durante el tributo de la TV al último Papa, un musulmán inglés que declaraba pertenecer a un Consejo Judicial Musulmán, una de esas falaces organizaciones cuya existencia se permite por su abyecta colaboración con el Estado kafir, presumía de haber entregado al Papa una copia del Corán. Al recibirlo, sonrió y dijo, “¡Ah, el Corán!, antes de pasarlo a uno de sus sacerdotes. Este fue un ejemplo de ignorancia que supera la ignorancia. Ibn ‘Atiyyah explica claramente lo siguiente:

“Aquí se recuerda a los cristianos la alianza y las pérfidas declaraciones por ellos pronunciadas. No hay conexión entre lo que dicen y lo que hacen. Esto se dijo para recordar a los cristianos sus errores y por haberse apartado del Din de Allah. “Y sembramos la enemistad y el odio entre ellos”: Se refiere a la enemistad y el odio mutuo que existe entre cristianos y judíos. Esto va a continuar. Algunos dicen que se refiere sólo a los cristianos. Pelearán y discutirán hasta el Último Día. Allah les recuerda el castigo que les espera en el Otro Mundo.

La experiencia de nuestros días nos permite añadir un comentario a las pruebas que, durante siglos, demuestran la veracidad de las palabras de Allah. Pruebas de estas aleyas están contenidas en la Reforma, la Contra-Reforma, la Guerra de los Treinta Años, la Masacre del Día de San Bartolomé, el genocidio de la Inquisición, y la Caza de Brujas.

Las dos aleyas siguientes de la Surat al-Ma’ida dicen:


“¡Gente del Libro! Ha venido a vosotros Nuestro Mensajero
aclarándoos mucho de lo que ocultabais del Libro
y perdonando muchas cosas.
Ha venido a vosotros, procedente de Allah,
una luz y un Libro claro,

con el que Allah guía a quien busca Su complacencia
por los caminos de la salvación.
Y los saca de las tinieblas a la luz con Su permiso
y los guía al camino recto”. (5: 16-18)
Ibn ‘Atiyyah confirma que el “Nuestro Mensajero” de la primera aleya indica la fortaleza de la nubuwwah del Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz, y que él es una Luz procedente de Allah, y que el Corán es un Libro Claro, de forma que las cuestiones legales que contiene no pueden ser oscurecidas.

“Lo que ocultabais del Libro”. Sobre esto Ibn ‘Atiyyah dice:

“Allah ha revelado en la lengua de Su Profeta lo que los judíos habían tratado de ocultar. Habían tratado de cambiar la descripción del Profeta, a quien Allah bendiga y conceda paz, en la Torá.

“... y perdonando muchas cosas”: significa que los judíos habían omitido una parte importante de lo que iba en contra suya. Mintieron contra la millat del Islam”.

De las palabras de Ibn ‘Atiyyah se deduce que la visión actual que la Iglesia tiene del Islam como una creencia más, o, como les gusta decir, “un camino válido hacia Dios”, es inaceptable para nuestra Comunidad Musulmana. Su postura está basada en la negación manifiesta de la Divina Revelación del Corán. El Acontecimiento Divino del “Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz, Mensaje que es el Noble Corán y el Din en sí”, proclama el final histórico y necesario de toda forma de religión cristiana, abriendo al mismo tiempo, las puertas de la Casa del Islam a todos los que quieran entrar en ella con un corazón contrito y un amor genuino por ‘Isa, la paz sea con él. Esta última cuestión es lo que menciona la segunda aleya. Ibn ‘Atiyyah dice al respecto:

“Paz –En esta aleya, Salam se refiere a Allah con uno de Sus Nombres Hermosos. Significa el camino hacia Allah y seguir Su shari’at. También puede significar estar a salvo de –salamat del Fuego

‘...de las tinieblas a la luz’ es el camino que lleva del cristianismo al Islam’”.

Y nosotros decimos que “y los guía al camino recto” significa que los antiguos cristianos vivirán bajo la shari’at de Allah sancionada por Su Mensajero; de esta manera, los antiguos pueblos cristianos podrán vivir en armonía con las Leyes de Allah que regulan la Naturaleza y la Moralidad, tras los siglos desastrosos que han pasado sin la guía correcta.

De nuevo en al-Ma’ida:


“Han caído en la incredulidad los que dicen
que Allah es el Ungido, hijo de Maryam.
Di. ¿Y si Allah quisiera destruir al Ungido, hijo de Maryam,
a su madre y a cuantos hay en la tierra, todos a la vez?
¿Quién podría impedírselo?
De Allah es el dominio de los cielos y de la tierra
y de lo que hay entre ambos.
Crea lo que quiere.
Allah es Poderoso sobre todas las cosas.

Y dicen los judíos y los cristianos:
Nosotros somos los hijos de Allah
y los más amados por Él.
Di: ¿Por qué entonces os castiga a causa de vuestras transgresiones?
Sólo sois unos más entre los hombres que ha creado.
Perdona a quien quiere y castiga a quien quiere.
De Allah es el dominio de los cielos y de la tierra
y de lo que hay entre ambos.
A Él se ha de volver”. (5: 19-20)
Aquí Allah clarifica, de una manera que toda mente racional puede comprender, que el Mesías y Maryam son criaturas temporales. Y como Él dio a Maryam un hijo sin que ella perdiera su pureza, y como luego elevó al Mesías junto a Él, a pesar de disfrutar de estas bendiciones especiales, permanecieron en la tierra como criaturas temporales; mientras tanto, Allah el Majestuoso y Poderoso permanece ensalzado por encima de todo lo que pueda asociarse con Él.

Ibn ‘Atiyyah dice:

“’Allah es Poderoso sobre todas las cosas’. Su significado es de aplicación general. Está específicamente relacionado con Sus Atributos (Sifat) y Esencia (Dhat)’”.

Allah, glorificado sea, dice en la Surat an-Nisa’:


“Y por su kufr,
y por haber dicho contra Maryam una calumnia enorme”. (4: 156)
Ibn ‘Atiyyah comenta:

“’ Y por su kufr’: se refiere a la cuestión de ‘Isa, la paz sea con él, y su supuesta divinidad.

‘...contra Maryam una calumnia enorme’: Los contemporáneos de ‘Isa, la paz sea con él, reprocharon y acusaron a Maryam, que Allah la bendiga, de adulterio para poder explicar el nacimiento de ‘Isa, la paz sea con él. La prueba es que fueron castigados y humillados’”.

La claridad de esta aleya nos permite relacionarla con la Doctrina de la Marialogía, donde se sugiere que la esposa de Adam, la paz sea con él, Hawa, sumió a la humanidad es un estado de perdición, y que Maryam, como segunda Eva, reparó, de alguna manera, el crimen cometido por Eva. Lo que hace esta doctrina, por supuesto, es extender la falsa doctrina de la Cruz a la Madre del “Crucificado”.

Surat an-Nisa’ :


“Y por haber dicho: Nosotros matamos al Ungido,
hijo de Maryam, mensajero de Allah.
Pero, aunque así lo creyeron, no lo mataron ni lo crucificaron.
Y los que discrepan sobre él,
tiene dudas y no tienen ningún conocimiento de lo que pasó,
sólo siguen conjeturas.
Pues con toda certeza que no lo mataron”. (4: 156)
He aquí la aleya definitoria. Esta es la aleya que establece un abismo entre el Din de la Verdad y esa abominable mentira que es la invención cristiana. El Papado no debe equivocarse al pensar que la presencia, en el reciente funeral celebrado en Roma, de los Jefes de Estado y sus representantes, significa una especie de éxito por la supuesta adhesión de los musulmanes a su doctrina del Islam como “una válida entre otras”. Esos musulmanes que asistieron a los funerales, y aquellos otros que obedientemente elogiaron al último Papa diciendo que era un trabajador por la paz y que estaba preocupado por los pobres, son para nosotros los más despreciables de los munafiqun (hipócritas). El Papado ha demostrado ser un abyecto partidario del capitalismo corporativo, y se ha mostrado impotente a la hora de detener las despiadadas Guerras de los Banqueros en su adquisición de nuevos terrenos petrolíferos. Lo que se deduce de todo esto es que, de la misma manera que el Papado no puede pretender la amistad con una religión que es en sí una inflexible abolición del cristianismo, tampoco puede haber ‘ulama musulmanes ni representantes estatales capaces de adoptar una postura pública en relación con la iglesia cristiana; este hecho significaría, legalmente hablando, un reconocimiento de jure de las doctrinas católicas, y al mismo tiempo, la negación de las aleyas bendecidas contenidas en este Hukm.

Surat an-Nisa’:


“Sino que Allah lo elevó hacia Sí,
Allah es Poderoso y Sabio”. (4: 157)
En esta clara aleya, Allah establece que no hubo crucifixión. Esto, dicho sea de paso, no sólo acaba con la iglesia cristiana que está constituida en torno a la Cruz, sino que también son buenas noticias para el pueblo judío al eliminar la justificación que los cristianos esgrimieron en su larga y continuada persecución.

En la Surat an-Nisa’:


“¡Gente del Libro! No saquéis las cosas de quicio
en vuestra Práctica de Adoración
ni digáis sobre Allah nada que no sea la verdad.
Ciertamente el Ungido, hijo de Maryam, es el Mensajero de Allah,
Su palabra depositada en Maryam y un espíritu procedente de Él.
Creed, pues, en Allah y en Su Mensajero y no digáis tres;
es mejor para vosotros que desistáis.
La verdad es que Allah es un Dios Único.
¡Está muy por encima en Su gloria de tener un hijo!
Suyo es cuanto hay en los cielos y cuanto hay en la tierra.
Y Allah basta como Guardián”. (4: 170)
El mensaje y la verdad contenidas en esta aleya es lo que tienen que confrontar y someterse los cristianos. En lo que respecta a la hipocresía del Papa y de la Curia, no tenemos más elección que rechazarla. Si su idea es que los musulmanes y los cristianos pueden trabajar juntos, quizás el nuevo Papa pueda entonces explicarnos por qué durante más de una década, el obispo de Granada y los cardenales españoles hicieron todo lo posible para impedir la construcción y finalización de la Gran Mezquita de Granada. Conocemos su duplicidad con todo detalle; ahora se manifiesta en España con las continuas calumnias de los obispos españoles que escriben a diario artículos que predisponen al pueblo español contra los musulmanes, sugiriendo de forma desvergonzada, que son partidarios de un terrorismo que, al menos en parte, es invención suya. Ni las gentes de la religión musulmana, ni los de la religión shi’a, olvidarán fácilmente el saludo anual que el Papa enviaba a Saddam Hussein felicitándole por ser el bastión del cristianismo en un territorio musulmán. La élite tecnocrática del régimen Saddamita estaba compuesta casi por completo de cristianos y socialistas ateos.

Hoy ya es un hecho conocido, aunque sólo admitido a regañadientes, que el Din del Islam tiene la supremacía sobre el resto de las religiones. Su población ni siquiera ha sido calculada, ya que muchos de los países asiáticos jamás han sido censados. Frente al Papa y las gentes de la religión cristiana, se abren dos caminos. Uno lleva al Fuego y el otro al Jardín. Nosotros, los musulmanes, somos hoy la gente de la Verdad; y somos la gente del mañana que invita a un Camino Recto en Este Mundo que conduce con certeza al Jardín en el Otro Mundo. No puede haber diálogo con los cristianos ni con la Iglesia Romana. Y tened esto presente cristianos: si hay gente que se acerca a vosotros presentándose como musulmanes y predicando el diálogo y la tolerancia, recordad que “Tolerancia” es una doctrina atea que intenta destruiros a vosotros tanto como a nosotros, así que esa gente con la que habláis son nuestros munafiqun.

No existe el diálogo –sólo da’wa. Este es el mensaje para el nuevo Papa, el Papa Benedicto XVI. Y este es nuestro mensaje para todos los cristianos.

Allah, glorificado sea, declara en la Surat al-Bayyina’:


“Y realmente los que de la gente del Libro y los asociadores,
se hayan negado a creer,
estarán en el fuego de Yahannam donde serán inmortales.
Esos son lo peor de todas las criaturas.
Pero los que creen y llevan a cabo acciones de bien,
son lo mejor de todas las criaturas.

La recompensa que junto a su Señor les espera,
son los Jardines de ‘Adn por cuyo suelo corren los ríos.
En ellos serán inmortales para siempre.
Allah estará satisfecho de ellos y ellos lo estarán de Él.
Esto es para quien tema a su Señor”. (98: 6-8)

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